miércoles, 27 de noviembre de 2013

VERDADES AMARGAS






Yo no quiero ver lo que he mirado
a través del cristal de la experiencia;
el mundo es un mercado donde compran
honores, voluntades y conciencias.

Amigos: es mentira, no hay amigos:
la amistad verdadera es ilusión;
ella cambia, se aleja y desaparece
con los giros que da la situación.

Amigos complacientes sólo tienen
los que disfrutan de ventura y calma;
pero aquellos que abate el infortunio
sólo tienen tristezas en el alma.

Si estamos bien, nos tratan con amor,
nos buscan, nos invitan, nos adulan;
mas si acaso caemos, francamente,
sólo por cumplimiento nos saludan.

el que nada atesora, nada vale
y en toda reunión pasa por necio,
y por más nobles que sus hechos sean,
lo que alcanza es la burla y el desprecio.

En este laberinto de la vida
donde tanto domina la maldad
todo tiene su precio estipulado:
el amor, el parentesco y la amistad.

Lo que brilla no más tiene lugar,
aunque brille por oro lo que es cobre;
lo que no perdonamos en la vida
es el atroz delito de ser pobre.

Nada en el mundo es perfecto, puro y sano;
todo se halla a lo impuro entremezclado;
el mismo corazón, con ser tan noble,
cuantas veces se encuentra enmascarado.

Existe la virtud, yo no lo niego,
pero siempre en conjunto defectuoso;
hay rasgos de virtud en el malvado,
hay rasgos de maldad en el virtuoso.

La estupidez, el vicio y hasta el crimen
podrían tener su puesto señalado;
las llagas del defecto no se ven
si las cubre un diamante bien cortado.

Y a nadie habrá de herir lo que aquí digo,
porque ceñido a la verdad estoy;
me dieron a libar hiel y veneno;
veneno y hiel en recompensa doy.

Y si peco en las palabras toscas
de estas líneas oscuras y sin nombre,
doblando mis rodillas en el polvo,
¡pido perdón a Dios y no a los hombres!

Biografía Ramón Ortega

(Comayagua, 1885 - Tegucigalpa, 1932) Poeta hondureño, uno de los principales representantes del modernismo en su país. Realizó estudios en Honduras y Guatemala. De regreso a su tierra se desempeñó como funcionario en la Administración del presidente Francisco Bertrand. Para algunos de sus críticos, Ortega como poeta ahogó el tono grandilocuente de sus predecesores e inició en Honduras el "predomino del raso y el marfil"; se le acusa de ser, en ciertos casos, un romántico arcaico, pero otros críticos lo ponen en duda.

Su obra no es muy abundante, pero su exquisita factura suple ventajosamente la cantidad, pues la época de su producción fue realmente muy corta: en una edad muy temprana lo acometió cierto desequilibrio mental, sumiéndolo en una prematura esterilidad creativa.

No obstante, se le valora que haya escrito los versos de más refinada expresión estética en Honduras; toda su poesía exhala una fragancia de romanticismo y aún en la modernidad de sus poemas galantes trata de imprimir el sello de un ancestro lejano. Entre sus obras destacan El amor errante (1930) y Flores de Peregrinación (1940), recopilada póstumamente.




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